En reciente publicación, los doctores Glassman y Bigger, de la Universidad de Columbia, describieron que “La severidad del trastorno depresivo mayor (TDM) medida dentro de las primeras semanas de hospitalización por síndrome coronario agudo (SCA) o la falla en mejorar del TDM en los seis meses posteriores a un SCA predijeron más del doble de la mortalidad en 6,7 años de seguimiento” (véase referencia y resumen en la sección Revista de Revistas).
Nunca había quedado tan claro, desde el punto de vista científico, lo que es una verdad de Perogrullo para la comunidad general: que la depresión asociada con un infarto pone a la persona en un mayor riesgo de muerte. Además, los autores destacan los hallazgos de otros investigadores acerca de que la depresión y el infarto pueden estar relacionados en doble vía por medio de los fenómenos inflamatorios propios de cada síndrome. Es decir, estarían relacionados causalmente en ambos sentidos: la depresión predispone al infarto y viceversa; por lo tanto, se llegaría al mismo punto de comorbilidad, por las dos vías.
Aunque el estudio no pudo demostrar que el tratamiento antidepresivo con inhibidores de la recaptación de serotonina disminuyera la mortalidad, hoy día es claro que la depresión en pacientes con SCA se debe detectar tempranamente y tratar de una manera juiciosa y consistente. Sería poco ético no hacerlo.
|
|
La depresión asociada con un infarto pone a la persona en un mayor riesgo de muerte.
|
|